Hola al nuevo dominio, chao a mi parálisis por análisis.

Llevo unas tres semanas más o menos queriendo contarle a la gente que tengo dominio, hosting y todas esas cosas que no significan nada pero que le dan a 101 un aire de autoridad que aún no comprendo. Decidí que me cansé de hacer todo sola y tengo ahora un equipo que me ayuda con las cosas tecnológicas y de diseño que no sé manejar, así que despreocúpate, que este tema soso y trillado de WordPress estará acá solo hasta que la página web que Carlos me está haciendo esté lista, fabulosa y montada.

Pero, a pesar de que todo este tiempo he tenido muchas cosas que contar y decir, noté que me había quedado muda y que no podía hacer mucho. Cada vez que me sentaba frente al computador a intentar escribir algo no me salía ni una sílaba, le daba vueltas y vueltas a las ideas y no terminaba de decir nada.

Podría decirse que estaba en un punto gris entre procrastinación e indecisión. Como si acabase de entrar en el Infierno que pintó Dante en La Divina Comedia (donde se encuentran los indecisos) perseguida por insectos y avispas picándome todo el cuerpo.

Y de esa indecisión es de lo que quiero hablar hoy. Porque sé que no soy la única que ha experimentado esa parálisis, y sé que mucha gente necesita un sacudón que les haga arremangarse los pantalones para cruzar el Aqueronte (o salir del Infierno, ambas opciones son válidas).

La verdadera razón de toda esta indecisión es que yo estaba paralizada. Hace muchos años leí sobre algo llamado parálisis por análisis, que recuerdo que me pareció un término fenomenal, y casualmente el año pasado hablamos de eso en algún momento cuando yo estaba cursando Psiquiatría.

Se trata de un estado en el que, de tanto pensar las cosas, terminas por no hacer nada. Si quieres saber más, no tienes que hacer otra cosa sino hacer clic en el enlace que te dejé arriba justo encima del término. Wikipedia podrá explicártelo mejor que yo.

Pero lo que yo quiero compartir, con mucha humildad y un poco de vergüenza aún porque no estoy completamente segura de que lo que estoy a punto de decir tenga mucho sentido, es que esta despiadada parálisis por análisis se trata de una falta de movimiento que nace de tres lugares, según yo:

  • Del idealismo. Porque tenemos un plan o proyecto tan hermoso y perfecto en nuestra mente que nos da miedo traerlo al mundo tangible y que no sea un calco idéntico a eso que estamos imaginando. Preferimos dejarlo ahí, en el pensamiento, porque vemos inconcebible que lo que llevemos a la realidad no se corresponda con lo que estaba en el imaginario.
  • De la falta de entusiasmo y el aburrimiento que despierta (?) el trabajo de hormiguita. Y esto me pasa mucho. Me monto en un plan nuevo que me parece maravilloso, y ya cuando voy por la mitad lo encuentro tan aburrido que decido no seguir. A muchos de nosotros se nos hace espléndido emprender porque el punto Z resultante de haber empezado por la acción A se nos hace maravilloso. El problema está en el resto del alfabeto, porque cuando estamos en medio del proceso y vamos por el paso F ya queremos mandarlo todo a quién sabe donde.
  • Del miedo al cambio. Tanto el escenario idealizado como el paso de la A a la Z implican cambios, y no conozco algo que nos aterre tanto como cambiar. Por eso la gente permanece en el mismo sitio por días, meses e incluso años, muy a pesar de la incomodidad con sus circunstancias.

Una cosa tan tonta e intrascendente como montarme un sitio web me dejó paralizada por acción de esas tres cosas. Tenía en mente una web linda, diseñada con blanco, negro y amarillo, con resultados fantásticos y una respuesta genial. La idea de empezarla me emocionaba, pero cuando me di cuenta de la cantidad de cosas que hay que hacer para poder tener un resultado final más o menos aceptable, me aburrí. Y, por último, le tenía miedo a cambiar. No quería dar un solo paso a ningún lugar, no quería un punto com punto ve-e, no quería hacer nada sino quedarme donde estaba, muy a pesar de que no me sentía cómoda y tenía unas ansias tremendas por escalar.

Tenía igualmente una idea de un nuevo artículo donde hablase de manera precisa sobre algún tema espectacular e inédito. Que mis palabras fuesen un bisturí. Y me incomodaba tanto la idea de no lograrlo, de hacer apenas un balbuceo como el de hoy, que preferí quedarme callada aún cuando lo que más disfruto en este mundo es transmutar mis pensamientos en una secuencia lineal de palabras e ideas.

Y lo mismo con todo lo demás.

Afortunadamente mi voz interna pudo más que esa gelatina paralizante en la que estaba inmersa y el fin de semana decidí arremangarme, ensuciarme las manos, recogerme el cabello y ver qué pasa.

Si me has contactado por correo electrónico, ya sabrás que estoy materializando un nuevo proyecto que tenía en mente desde hace un tiempo. En él toco temas como este: asuntos de mentalidad que hacen que mandes tu potencial éxito a la basura porque no piensas las cosas como deberías pensarlas. Era algo que también me daba mucho miedo hacer por las tres razones que les mencioné arriba, pero ahora que estoy poniéndole manos a la obra, me doy cuenta de que es algo más satisfactorio que ese estado de no-movimiento en el que estaba hasta hace días.

Nos leemos pronto.

Me percaté el viernes de que no había subido al sitio ninguna foto en mi casa nueva. Realmente, debo confesar que la casa de mis padres es más linda y tenía mejor luz, pero igual acá te dejo una foto en mi pose favorita (tengo no menos de cinco haciendo lo mismo) con mi biblioteca a la derecha y un tomacorrientes sumamente antiestético al lado izquierdo.

Comentarios

  • Hola, Ana Patricia. Te escuché con C. M. Rondón.
    Soy sobreviviente de un aneurisma cerehral.
    Soy Periodista y trabajo en casa productendo un programa radial.
    Te agradecería infinitamente si puedes orientarme para ser freelancer.

  • Del miedo al cambio…(y la inaccion)
    La fábula de un Sr que pasaba siempre frente a una casa donde había un perro quejándose siempre y a su lado una abuelita. Un día el hombre se e acerca a la abuela y le dice si no escuchaba el quejar del perro, a lo que ella respondió:”El sabe que se acuesta sobre un clavo que sale del piso y lo puya, lo suficiente para que se queje, pero no lo suficiente como para cambiarse de sitio”

  • Hola Anita, perdón por la familiaridad pero no es otra cosa que el efecto de leer algunos de tus post. Te muestras muy real ante tu audiencia y sabes cómo aportar valor. Me encanta tu estilo. Al parecer somos colegas por ambos lados: en lo profesional y en el emprendedor que llevamos adentro. Al final no entendí bien por qué no registraste un dominio .com Te habría dado mucha más visibilidad, que te la mereces. Tengo un blog en el que comparto mis contenidos, y me gustaría que pudiéramos colaborar. Un placer y no cambies tu estilo de escribir, es electrizante. Un saludo

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